Cada uno de sus actos trata de emular a “El color púrpura (1985, Steven Spielberg)” o “Criadas y señoras (2012, Tate Taylor)”, pero no en tono, fuerza, delicadeza o subgénero (racismo), son las condecoraciones que estas consiguieron lo que busca. Las penurias de un colectivo o la particularidad de un individuo no importan, es su entorno el que lleva el peso de los tiempos, el devenir de los intérpretes no importa, es la lágrima en la butaca su cometido, el estímulo por contar una historia no importa, son los Oscars lo que se pretende. No, los negros no importan parece decir.





