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lunes, 31 de marzo de 2014

'Incendies', imborrable y redundante


No existe contexto explícito, aunque todos intuimos el Líbano, con el fin de universalizar una ficción biográfica que transita por el horror y la rabia de tres elementos desgraciadamente indisolubles: hombre, guerra y religión - ese fundamentalismo convencido representado en la culata del fusil los une en una imagen -. Denis Villeneuve adapta aquí, su cuarta película, una adaptación teatral obra del aclamado dramaturgo Wajdi Mouawad, y que lleva a pantalla sin apenas rastro de su origen sobre escenario.

Nawall Marwan (Lubna Azabal) es a quien seguimos, quien lucha y sufre, y quien pone tras su pasado medio legado a Jeanne Marwan (Mélissa Désormeaux-Poulin) y Simon Marwan (Maxim Gaudette), con quienes descubrimos y atamos los cabos faltantes, si quedaban algunos. Dos hilos temporales que en lugar de complementarse se solapan, dando como resultado un metraje demasiado largo por redundante. Funcionando el presente, donde se desarrollan los hijos, como un remarcado obvio y dialogado de lo ya narrado y visto en imágenes en el pasado, valga como ejemplo el final o la escena del parto.



Es sobrante por tanto gran parte de lo acaecido como consecuencia de la lectura del testamento, siendo los momentos más poderosos - esa mirada sostenida al inicio, todo lo sucedido en el autobús, el francotirador, y alguna más que seguro me dejo -, pertenecientes al tiempo protagonizado por la mujer que canta. Son en ellos donde radica la fuerza de ‘Incendies’, un fuego que abrasa el ánimo por medio de un grupo de escenas intensas, duras, intolerables al conocer, y ser consciente, que la realidad no es ni mucho menos mejor.

La fotografía, tan precisa en ‘Prisioneros’ (2013) y ‘Next Floor’ (2008), tiene aquí una fijación realista que funciona con el entorno creado aún siendo algo plana y excesivamente a foco. La dirección va acorde al conjunto, orquestando Denis Villeneuve una pieza irregular. Conviven planos sin trascendencia excesivamente alargados con planos de una capacidad narrativa categórica. Comparten espacio también algunas transiciones confusas entre pasado y presente, junto al uso contundente y eficaz de ciertas elipsis.



El resultado es el de un filme con tramos imborrables, intensos y desalentadores que realzan el recuerdo y hacen su visionado recomendable, aún siendo incapaces de borrar un montaje excesivo, un subrayado innecesario, un clímax movido por la casualidad que resta dramatismo, o detalles menores como un Simon Maewan histriónico en desarrollo e interpretación. Nawall Marwan quiere descansar, perdonar e incluso comprender, dibujando los cimientos para la resolución de un conflicto, y muchos más, que están lejos siquiera de plantearse tales pensamientos.



Valoraciones:



Personal: 6,5 
Filmaffinity: 7,7
Metacritic: 8,0
Rottentomatoes: 7,9
IMDb: 8,2

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