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lunes, 10 de agosto de 2015

'Misión Imposible: Nación Secreta', sosa


- Esta crítica puede contener spoilers -

En 1996 Tom Cruise se puso por primera vez la máscara de Ethan Hunt en una época, hace ya casi dos décadas, donde el interés pre visionado sobre una película recaía principalmente en los nombres que a esta la acompañaban. Tom Cruise era uno de los revienta taquillas, y aún hoy, queda como el último exponente de aquella fórmula, el único al menos que sigue manteniendo cierta capacidad de arrastre.

Su nombre lleva arraigado un sello, y al público le basta. Queda liberada la campaña publicitaria del acoso y derribo al que nos tienen acostumbrados las majors, obsesionadas con la sobre información que tan lascivamente mamamos de internet. No en vano, hasta su estreno, lo más comentado no fue su teaser, tráiler o nuevo director, si no la escena en la que Tom Cruise, con 56 años ya, se cuelga literalmente de un avión jugándose el tipo - una vez más -, para dejar alucinados a sus muchos fans. No, no nos vendieron a Ethan Hunt ni a Misión Imposible, quizás conscientes de que poco iban a aportar esta vez, nos vendieron a Tom Cruise, y le seguimos comprando.


Desliguemos por tanto estrella y franquicia del análisis. Tom Cruise pone las palomitas y el pasa tiempo, funciona, aporta todo aquello que podrías esperar de una película con su marca. Misión imposible aplica la fórmula propia de la saga, pero no se apropia de ella, carece de “marca”. Sus dos primeros tercios son fríos, los gadgets carecen de ingenio, y, más allá de un humor inefectivo, no tiene una identidad propia. Brian de Palma, John Woo, J.J Abrams y Brad Bird apostaron por algo con mayor o menor acierto, tenían sus armas. El arsenal de Christopher McQuarrie parece silenciado, una réplica bien elaborada de lo ya visto, un producto poco identificativo que será auto destruido de la memoria colectiva en no muchos más de 5 segundos.

Misión imposible no podría dejar más claro en su título lo que uno debería esperar de ella, el roce constante y aceptable con lo inverosímil, lo imposible. ‘Nación secreta’, coletilla de esta quinta entrega, lo que en muchos tramos ofrece es una acción demasiado simple - la secuencia en la ópera de Viena carece de energía y sólo se salva cuando se multiplican los tiradores - y unos diálogos demasiado absurdos - aún ajustando el nivel de tolerancia a los mínimos exigidos para este tipo de producciones -. Y no me refiero a la trama, aceptable aunque desaprovechada, si no a esas líneas de guión que sin tener relevancia, eso es cierto, terminan por molestar.


Sorprende que Christopher McQuarrie, quien también firma el guión, hiciera un trabajo tan excelente en ese aspecto adaptando al cine la novela en la que se basa la completísima ‘Al filo del mañana’. Comparte con esta, y vamos con los aspectos positivos que también los tiene, un personaje femenino - Rebecca Ferguson - arrollador, fuerte e independiente que supone el verdadero reto para el protagonista. Con ella presente la película siempre crece, siendo la trama que surge en torno a su presencia siempre mucho más interesante que la trama global, con el destino de la FMI en juego.

Ella es quien más se exhibe y muestra sus habilidades, llegando a salvar al protagonista en varias ocasiones. Una de ellas, la que surge bajo el agua, coincide con el punto de inflexión donde la película también comienza a salvarse. Vemos por fin algún gadget novedoso, riesgo, emoción, y el coqueteo con el “venga ya” tan divertido si se sabe medir. Casi sin freno, le sigue la frenética persecución a dos ruedas con planos de verdadero vértigo, y una sensación de velocidad y peligro que directamente te sube a lomos de las BMW R1000. Se llega entonces al tramo conclusivo - tras un pequeño descanso necesario - donde el juego de engaños alcanza su mayor potencial finalizando con una placentera unión de fuerzas que vuelve a bordear la línea de lo inverosímil de forma acertada.

Un buen tercio final que deja una sensación de agrado que, reposado, se antoja insuficiente para compensar una acción mayoritariamente sosa, ninguna sorpresa en el uso de los gadgets, y un humor enlatado como elemento diferenciador respecto a otras entregas. Se deja ver, no es un desastre, pero no es una gran 'Misión Imposible'.

Valoraciones:

Personal: 6
Filmaffinity: 6,8
Metacritic: 8,0
Rottentomatoes: 8,4
IMDb: 7,9

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